Organizacion Sathya Sai de la Republica Dominicana

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VIDA SOCIAL Y SADHANA ATMICO

Posted by rolando on 3 Ee abril Ee 2011 a las 9:01

¿Qué tiene que ver la sociología o las ciencias sociales con las ciencias del espíritu o la investigación del espíritu humano? Esta es una pregunta que es planteada comúnmente. Así también, muchos inquieren: ¿qué tiene que ver el estudiante espiritual y el sadhaka (aspirante espiritual) con la sociedad y sus problemas? Debe decirse que estas dos actitudes son erróneas.

Ninguna sociedad puede encontrar su plenitud, ningún ideal social puede fructificar sin el florecimiento del espíritu del hombre. La humanidad no puede realizar la Divinidad de la cual es expresión, sin poner atención cuidadosa y constante al cultivo del espíritu. ¿De qué otro modo se puede expresar esta Divinidad sino en los individuos y a través de ellos? Podemos aprehender sólo el jagath (mundo transitorio), esta fantasía moviente, inconstante; no podemos ver ni oír, oler ni gustar ni tocar al director de la fantasía: Dios. De igual modo, podemos aprehender al individuo pero no a la entidad nombrada sociedad, porque la sociedad no es un complejo separado, distinto, formado de componentes elementales. La sociedad es la proliferación divina producida por la Voluntad Suprema.

El hombre es mortal: polvo es y al polvo retornará. Pero en él brilla el Atma como una chispa de la llama inmortal. Este no es un término de adulación inventado por los vedantistas; el Atma es la fuente, el sustento de todo ser y toda organización de seres; es la sola y única fuente, sustancia y sustento. El Atma es Dios; lo particular es el Universo. Por lo tanto, reconozcan en cada ser, en cada hombre, a un hermano, al hijo de Dios, y desdeñen todos los pensamientos y prejuicios limitadores que se basan en la posición social, el color, la clase, el nacimiento y la casta. Sai siempre está empeñado en exhortarlos y guiarlos a fin de que puedan pensar, hablar y actuar con esta actitud de amor.

La sociedad no puede justificarse planeando dividir el botín ganado a la naturaleza, ya sea en partes iguales o desiguales. La consumación que debe inspirar a la sociedad tiene que ser el establecimiento y elaboración, en todo acto y resolución social, del conocimiento del Atma Universal y la Bienaventuranza que ese conocimiento confiere.

Sai no prescribe: "El Atma no tiene muerte; por tanto, maten las envolturas físicas, los cuerpos". No, Sai no alienta las guerras. Sai les enseña a reconocer al Atma como su pariente más cercano, más próximo que los miembros de su familia, sus parientes carnales y sus descendientes más queridos. Cuando se ha hecho esto, ya nunca más se extraviarán del sendero de lo recto, que es el único que puede mantener ese parentesco.

Aun el apego familiar opera en contra de la ejecución de los propios deberes legítimos. Pero el apego a lo Divino llena ese deber de una dedicación nueva que asegura tanto la alegría como el éxito. Activa al hombre como no puede hacerla ninguna otra cosa; le confiere, durante el proceso de cumplir con su deber, la sabiduría más elevada. De ahí el consejo: no entren al mundo objetivo (prakriti) con la esperanza de realizar al Atma; entren al mundo objetivo después de hacerse conscientes del Atma; parque entonces mirarán la naturaleza desde un punto de vista nuevo y su vida misma se convertirá en un prolongado festival amoroso.

Hay muchos que se valen de su erudición e inteligencia, aun la erudición védica, para el debate monótono y el despliegue de competencia intelectual. Están enamorados de sus triunfos mezquinos. Declaran que la sociedad es una arena para obtener esos triunfos. Pero Sai les pide que busquen y fortalezcan otro tipo de sociedad donde no haya lugar para esos deseos triviales.

Los eruditos védicos disputadores imploran los frutos de sus empeños y esfuerzos por medio del ritual. La naturaleza no se implora así; las nubes traen la lluvia como un homenaje a Dios, que es su Señor. Pero ellos la atribuyen a la eficacia de sus ritos y la usan para envanecerse. Juguetean entre las ramas del árbol del deseo copiosamente multiplicadas. Están enredados en las tres "cuerdas": la tamásica, la rajásica y la sátvica.

Tienen que ir más allá de las tres cuerdas, los tres lazos. Siempre tienen que estar en la Verdad eterna inmutable. Deben estar radicados en el Uno, como el Uno, sin rastro o gusto alguno de dualidad. Ganar y acumular no debe interesarles; no deben dejarse seducir por la persecución de yaga (la actividad dirigida hacia afuera) y kshema (la posesividad), porque ya están plenos y no tienen carencias.

El anhelo de un nivel de vida alto en vez de un nivel superior del vivir ha hecho estragos en la sociedad humana. Un nivel superior del vivir insiste en la moralidad, la humildad, el desapego, la compasión; así la avidez competitiva de lujo y consumo notorio no recibirá aliento y será destruida. Ahora el hombre es el esclavo de sus deseos; es impotente para vencer la sed de placer y lujo; es demasiado débil para mantener bajo dominio a su naturaleza; no sabe cómo despertar la Conciencia Divina latente en él.

Las meras prácticas o instrucción morales no pueden ayudarles a lograr esto. Sólo es posible por el sadhana espiritual (trabajo espiritual), porque es una transformación básica. Implica la eliminación de la mente, que es el archiobstáculo en el sendero. La Gracia de Dios, si se invoca y se obtiene, puede dotarlos del poder, y la Gracia existe dentro de ustedes a la espera de su llamado.

El hombre debe dejar de confiar en los caprichos de la mente. Debe actuar siempre con la conciencia de su divinidad innata. Cuando esto se ha logrado, su naturaleza triple [compuesta de las gunas (cualidades): la tamásica, la rajásica y la sátvica] se expresará automáticamente sólo a través de canales santos. Esa es la manifestación genuina.   Según la filosofía Samkhya, prakriti (la naturaleza), en contraste con Purusha (el Alma), consta de tres gunas (cualidades) conocidas como tamas, rajas y satva. Tamas representa la inercia o embotamiento, rajas la actividad o desasosiego y satva la sabiduría equilibrada.

Otro punto. Se puede plantear el argumento: "Si uno tiene que abandonar el deseo de comodidad, lujo y placer, ¿por qué se debe mezclar en la sociedad?" Esto presupone la creencia de que ésta se justifica sólo por la provisión de esos goces mundanos. Pero ¿qué clase de sociedad se puede construir sobre bases tan débiles? Si se construye, puede ser una sociedad sólo de nombre. No estará unida por el amor y la cooperación mutuos. El fuerte eliminará al débil. El descontento estropeará las relaciones sociales. Aun cuando se hagan intentos de dividir los recursos de la naturaleza por igual entre todos, la cordialidad se hallará sólo en la superficie, no será espontánea. Podemos limitar los recursos disponibles, pero no podemos poner coto a la codicia, el deseo y el ansia vehemente.

El deseo implica buscar más allá de los linderos de la po¬sibilidad. Lo que se tiene que hacer es arrancar de raíz el deseo. El hombre debe dejar el deseo de placer objetivo, basado en la ilusión de que el mundo es muchos, múltiple, multicolor, etc., y no en la verdad de que el mundo, la naturaleza, toda la Creación es Uno. Cuando uno es consciente sólo del Uno, ¿quién desea qué? ¿Qué puede ser adquirido y disfrutado por la segunda persona? La visión átmica destruye el deseo de goces objetivos, porque no hay ningún objeto distinto del sujeto.

Esta es la verdadera función de la sociedad: capacitar a cada miembro para realizar esta visión átmica. Los hombres y mujeres ligados por intereses mutuos en una sociedad no son meramente familias, castas, clases, grupos o parientes; son un Atma. Están atados por el más estrecho de los lazos familiares; no sólo la sociedad a la que sienten que están ligados, sino toda la humanidad es Uno. Vasudhaika kutumbakam, como declaran los Sastras (Escrituras): todo el mundo es una familia. Esta unidad debe ser experimentada por todos.

Ahora, y sólo en aras del envanecimiento, se desperdician los recursos naturales y la riqueza. Pero cuando se realice la unidad átmica fomentarán el nuevo modo de vida por el amor. Lo que ahora es "misericordia" o "ayuda" mutua obligada por la ley, se tornará entonces en "Amor Divino" que puede purificar efectivamente al que recibe y al que da. Esta consumación está más allá del ámbito de la política, la ética o la economía comunes. Estas no pueden transformar al que recibe y hacer vibrar al que da, por mucho que intenten igualar. No tienen el atractivo y carecen de poder para sostener. La igualdad que establezcan estará perseguida par una sombra, la sombra del ego. Esta sombra sólo puede desaparecer cuando la identidad como Uno se conoce y se siente.

Puede decirse que no todos los deseos son erróneos; los rajásicos que dañan y explotan a los demás pueden condenarse, pero ¿por qué renunciar a los deseos sátvicos? Porque el deseo es el deseo aunque el objeto pueda ser benéfico y puro. El fruto del esfuerzo, la mente que lo busca, la vitalidad que activa la mente, la vida misma, cada una de estas cosas se tiene que orientar al Señor con una devoción que nace de la visión del Uno.

Los que arguyen que el sendero espiritual sólo es para el individuo y que la sociedad no se debe mezclar en él, cometen una gran equivocación. Es como insistir en que debe haber luz dentro de la casa y decir que no importa que afuera sólo haya oscuridad. La devoción a Dios se lleva mal con el odio al prójimo.

El prójimo y el mundo deben verse siempre en el espejo de Sat-Chit-Ananda (Existencia, Conocimiento, Bienaventuranza; el Estado Supremo). Sólo el parentesco basado en este reconocimiento perdurará. Ese es el parentesco de Sai. Cuando arraiguen en ese parentesco la verdadera presencia, la presencia constante de Sathya Sai será de ustedes. No se dejen llevar por sus fantasías a la selva de las palabras y sentimientos. Sean firmes y sinceros con su más íntima naturaleza.

El bien y el mal están basados en las reacciones de los individuos; no son inherentes a las cosas o acontecimientos. Tanto la vedanta como el ateísmo se aceptan o se rechazan según que a uno le agraden o le desagraden. No son objeto de la aceptación o el rechazo lógicos. Sólo la experiencia puede establecer su validez. ¿Quién puede delinear la Bondad como tal cosa o tal otra? Los que lo hacen incurren en un ejercicio vano. No tienen autoridad para declararlo. Si reclaman ese derecho no son sino personas engreídas que confían en sus intelectos limitados.

La Divinidad es plenamente inmanente a cada uno; eso es patente para los ojos que pueden ver con claridad y profundidad. Quienquiera que niegue esto sólo se está engañando acerca de su propia realidad. No se puede desechar la Divinidad por una negación, ni proveniente de uno mismo ni de los demás.

Por consiguiente, la conclusión es inevitable: es el deber del hombre ver en la sociedad la expresión de la Divinidad y usar toda su habilidad y esfuerzo para promover el bienestar y la prosperidad de la sociedad. El hombre debe cultivar este sentimiento expansivo, este pensamiento inclusivo y esta visión intuitiva. Sin estos tres cultivos el hombre no es más que un ser inerte; si se burla de ellos pierde su derecho a ser humano.

El espíritu de renunciación, la adhesión a la virtud, el afán de cooperar, el sentido de hermandad son los signos característicos del hombre. La vida que considera a estos signos como estorbos no se puede valuar como vida.

La fraternidad del hombre sólo se puede traducir en vida sobre la base de la visión átmica. Todos los hombres tienen sed de Paz, Felicidad y Bienaventuranza. Estas son la herencia preciosa que es el derecho del hombre, porque son el tesoro de Dios. Sólo se les puede ganar reconociendo el vínculo que une a hombre con hombre. Todos los hombres son de un mismo linaje: el linaje divino.

Todos los hombres son células en el mismo organismo divino, en el cuerpo divino. Eso debería ser su fe, su fortuna, su fortaleza, su plenitud. Sólo la conciencia de esto les da derecho a llamarse hombres. Aprendan a vivir como hombres. Este es el sadhana, éste es el mensaje de Sai.

Extraído del libro: “Sai Baba y el Psiquiatra”,

por Samuel Sandweiss.

 

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